Los charcones son un bello paraje a las faldas de la Peña de Martos (Jaén), donde antiguamente abundaba el agua, puesto que existían numerosos ríos y nacimientos de agua, el nacimiento más conocido era llamado “La Tacita”.
En esta zona existía una gran familia compuesta por 9 hijos, la madre Araceli y el padre Antonio.
Ellos eran propietarios de esta zona de tierra y en ella tenían su pequeña casita. Esta vivienda estaba compuesta por una habitación en la entrada justo a mano derecha en la que había una máquina de hacer ladrillo, justo enfrente de esta habitación había una cocina de leña.
Más adelante únicamente había un dormitorio en el que dormían “papá y mamá”. Los 9 hijos pasaban la noche en el portal de la casa, alrededor del fuego en aparejos.
Forma de vida
Todos se levantaban al amanecer calculando la hora por la sombra que el Sol proyectaba cuando alumbraba sobre la Peña, ya que no tenían reloj.

En esta zona existía una gran familia compuesta por 9 hijos, la madre Araceli y el padre Antonio.
Ellos eran propietarios de esta zona de tierra y en ella tenían su pequeña casita. Esta vivienda estaba compuesta por una habitación en la entrada justo a mano derecha en la que había una máquina de hacer ladrillo, justo enfrente de esta habitación había una cocina de leña.
Más adelante únicamente había un dormitorio en el que dormían “papá y mamá”. Los 9 hijos pasaban la noche en el portal de la casa, alrededor del fuego en aparejos.
Forma de vida
Todos se levantaban al amanecer calculando la hora por la sombra que el Sol proyectaba cuando alumbraba sobre la Peña, ya que no tenían reloj.
Tanto las
mujeres como los hombres hacían el mismo trabajo sin distinciones.
En esta época
la higiene era muy básica. Todos se lavaban la cara en una misma cuba de agua
que recogían cada día de "La tacita", nacimiento de agua más cercano.
La ducha general se la daban cuando tenían suerte de encontrar un charco o un río
abundante. Las necesidades las hacían en el campo o en la cuadra en un roalito
habilitado para dicha tarea.
Las mujeres
lavaban en la fuente del caño o en el arroyo del sapillo (cuando tenía agua).
Esto les suponía andar cargadas con los trapos durante media hora hasta llegar
a la fuente, y otra media hora para volver.
Más tarde la
familia prosperó y pudieron comprar una nueva casa en el pueblo de la que se
desplazaban todos los días al amanecer para ir a "Los Charcones" a
desempeñar su trabajo hasta la caída del Sol. Una de las hermanas se encargaba
de subirle la comida de el medio día andando en una olla.
El trabajo que
ésta familia desempeñaba se ceñía a todo lo concerniente en la fabricación de
tejas y ladrillos.
Trabajo diario
Los ladrillos
se hacían a mano, profundizando en el trozo de barro para hacer los agujeros.
las tejas también se hacían a mano con moldes de madera.
El material o
arena con el que se hacía el barro para la realización de estos productos se
extraía de canteras que se encontraban en los mismos "Charcones".
El barro se
obtenía de esta manera:
- Se recogía la tierra
de las canteras y se transportaba en espuertas y en carrillos de mano.
- Se extendía la tierra
en un mantillo (trozo de suelo liso sin maleza ni piedras) y se machacaba
con una maza para hacerla polvo.
- A continuación se
vertían la arena en un colador con aproximadamente un litro de agua, se
removía la mezcla y se dejaba reposar para que la piedras mas gruesas
quedaran en el fondo de la pila. Después se abría la compuerta y por ella
salía la mezcla de agua y arena. Esta compuerta que tapaba el caño por el
que salía la mezcla era una losa.
- Esta mezcla pasaba a
otra pila llamada secadero, donde el barro quedaba extendido y comenzaba a
espesar hasta el punto de poder cogerlo para manipularlo y así hacer los
ladrillo y tejas.
- Estos materiales en
principio se hacían a mano y con moldes de madera, los ladrillos y con
moldes de chapa las tejas.
- más tarde pudieron
comprar una máquina de hierro en la que echaban el barro y ésta misma lo
moldeaba de tal forma que salía una tira de ladrillo, el cual había que
cortar mientras estuviese húmedo.
- Los materiales se
dejaban secar tras ser cocidos en los hornos. Se ponían colocados en el
suelo para dejarlos secar, con cuidado de que cuando llovía tenían que
correr y recogerlos para que no se estropearan, puesto que si los dejaban
se deshacían.
Esta era la rutina diaria de este
lugar tan conocido hace aproximadamente 80 años.
Contado
por JOSÉ EXPÓSITO MOLINA
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